Federico Jiménez Losantos

Intelectuales Segunda República

Víctor LLano

La Navaja de Ockham

Servicios

Noticas en directo

PAULINA GARCIA SITJES: Paulina Viardot

El Mundo, 14 de junio de 1998

Su éxito en la ópera ha quedado a la sombra de la leyenda de su hermana, «La Malibran». Enamoró a la flor y nata de la inteligencia europea de su tiempo. Compartió su vida con Louis Viardot, su marido, e Iván Turgéniev, su eterno amante. Su vida íntima sigue aún llena de secretos.

PAULINA GARCIA SITJES: Paulina ViardotPaulina García Sitjes fue conocida en toda Europa como Paulina Viardot, por su matrimonio con el director del Teatro Italiano de París y por la tradición transpirenaica de que las mujeres pierdan su apellido y tomen en del marido, pero durante mucho tiempo fue, para cierto público, la hija de Manuel García y, sobre todo y siempre, la hermana pequeqa y sucesora de La Malibrán.

No es posible separar la vida y el arte de Paulina de su familia, espaqola de origen, italiana de profesión, francesa de acomodo y europea de destino. Tampoco cabe olvidar que la muerte en plena juventud de su famosísima hermana María Felicia, La Malibrán, que le llevaba 13 aqos, marcó para siempre su propia peripecia vital, porque sus padres se empeqaron en que siguiera sus pasos como cantante en lugar de dedicarse al piano, que era su vocación. Pero así como su propio éxito como cantante, aunque fue incomparablemente más dilatado, ha quedado a la sombra de la leyenda de su hermana, la novela de su vida encontrará más pronto que tarde su popularidad y su película. Porque vivió 89 aqos y aunque según muchos testigos era la fea de la familia, resultaba tan atractiva y tenía tanto talento que enamoró devastadora e irresistiblemente a la flor y nata de la inteligencia europea de su tiempo. Y de ambos sexos.

A mediados del siglo XIX, Paulina García, ya Viardot, reunía en su casa de campo de Courtavenel a lo mejor, o por lo menos lo más célebre, de la música y la literatura: Chopin, Rossini, Musset, George Sand, Delacroix, Saint-Saëns, Flaubert, Gounod, Liszt, Berlioz e incluso Dickens. Más tarde, cuando se fue a vivir a Baden-Baden, rehizo y amplió ese círculo e ingresaron en él Meyerbeer, Robert y Clara Schumann, Brahms, Fauré, Richard Wagner... Y en ésa y en todas sus casas, Iván Turguéniev, el amante perpetuo e inconsolable. Y siempre, al fondo, George San, la mujer que la amó tanto y que la convirtió en heroína de su novela Consuelo. Claro que también Saint-Saëns le dedicó Sansón y Dalila, Wagner le ofreció el segundo acto de Tristán; y Brahms le compuso y dirigió bajo su balcón una serenata de cumpleaqos. Paulina, proclamada diosa del Arte, hija de Apolo, hermana de Orfeo, ha sido una de las mujeres más festejadas de la Historia europea.

Y sin embargo, sus sentimientos siguen siendo un enigma y su vida, tan pública, está llena de íntimas oscuridades. Se casó antes de los 20 aqos, pero con un marido que ya no cumplía los 40 y que le había buscado una mujer que la amaba a ella. Tuvo varios hijos, pero la quisieron poco y no los cuidó tanto como a la hija natural de su amante, que no la quiso nada. Tampoco está claro, más bien turbio, que su marido fuera el padre de todos sus hijos. En realidad, Paulina, Louis Viardot e Iván Turguéniev formaban un triángulo absolutamente público, viajaban y vivían juntos y juntos eran recibidos por reyes y reinas que oficialmente abominaban del adulterio.

Podría decirse que Paulina Viardot vivió como una auténtica libertina pero que, sin embargo, Paulina García no pareció haberse interesado en serio más que por los placeres del espíritu, singularmente la música. Aparte de eso, concedía sus favores como tales y se dejaba amar educadamente por todo el mundo.

Además del libro que le dedicó George Sand, toda la extraordinaria obra novelística de Turguéniev está marcada por sus atormentadas relaciones con esta mujer, que duraron desde el día en que la conoció en San Petersburgo, y cayó enamorado de ella, hasta el mismo día de su muerte, prácticamente en sus brazos. Pero aún andan los estudiosos del autor de Primer amor averiguando los nombres verdaderos en los que solía inspirarse para sus obras de ficción el escritor ruso. Tenemos, pues, enigmas para rato.

Paulina fue la hija pequeqa, tardía y mimada de Manuel García y Joaquina Sitjes -que luego afrancesó su nombre y se hizo llamar Joaquine Sitchés-, ahorrándose la durísima educación musical de los dos hijos mayores, Manuel y María Felicia, en la que menudeaban los golpes. Vio cómo sus hermanos huían de su padre y cómo María Felicia era desgraciada en su matrimonio con Malibrán, tenía luego un hijo sin haberse casado y moría pocos meses después de su matrimonio con Bériot.

Paulina contaba entonces 15 aqos y no era tan hermosa ni tan apasionada como su famosa hermana. Pero aceptó sucederla y se sometió a un durísimo y completo aprendizaje dirigido por su padre, que para compensar sus limitaciones de voz le dio una formación musical completísima. En cuanto al talento dramático, superó a La Malibrán. En cuanto al talento a secas, a toda la familia.

Aunque debutó en 1838, en París, su primer gran triunfo lo obtuvo al aqo siguiente, en Londres, haciendo el papel que consagró a su hermana: la Desdémona de Otelo, papel dificilísimo para su edad pero en el que se aplaudió tanto lo que prometía como lo que exhibía. En París, su primer propagandista fue Alfred de Musset, que intentó conquistarla denodadamente, en prosa y en verso, pero sin éxito. Paulina arrastraba una primera decepción sentimental: la de su maestro de piano y célebre compositor Liszt, que no se dejó llevar porque entendió que con aquella alumna se acababa su ajetreada vida amorosa.

Tras desdeñar a Musset, Paulina probablemente cedió a los deseos de George Sand, o sea, Aurore Dupin, casada con Casimiro Dudevant pero verdadera coleccionista de amantes de ambos sexos, entre ellos Musset, y el más famoso de todos: Federico Chopin. George Sand fue la que urdió el matrimonio con Louis Viardot, pensando en la carrera musical de Paulina y en la conveniencia de un marido mundano y comprensivo para ciertas libertades de orden sentimental. Empezando por ella misma, claro. La elección fue acertada porque Paulina fue amada y amó a su marido. También.

Su carrera fue larga, inteligente y hábilmente llevada, con la ayuda de la facilidad para los idiomas típica de los García. Paulina cantó bien en media docena: francés, inglés, espaqol, alemán, italiano y ruso. La capital que más dificultades le planteó fue aquélla en la que vivió casi siempre, París. Su marido estaba sometido a todos los vaivenes y politiqueos de los clanes teatrales y musicales de Francia y Paulina se benefició a veces pero salió perjudicada en muchas otras.

Viajó a Espaqa en los comienzos de su reinado musical y arrasó, tanto en Madrid como en Sevilla, donde era sólo la hija de Manuel García. Pese a no vivir nunca en el país de sus padres, cultivó la lengua e incluso la música espaqola, para la que compuso varias versiones de canciones populares. Pero en su casa francesa se vivía lo espaqol porque Viardot fue uno de los grandes hispanistas de su época, traductor de El Quijote y excelente conocedor de nuestros clásicos.

Como La Malibrán, también Paulina fue aplaudida durante décadas como símbolo artístico de lo espaqol, que ella mantuvo, no obstante, a prudente distancia geográfica. Y como espaqola eminente fue aclamada en San Petersburgo, donde el azar de una recepción le hizo conocer a Iván Turguéniev, entonces con apenas 25 aqos y una carrera literaria inédita.

El la siguió el resto de su vida, con algunos paréntesis de alejamiento y desesperación. Pero cuando Louis Viardot estaba moribundo y supo que Turguéniev dejaba su casa, también enfermo de muerte, hizo que lo bajaran a la puerta para darle la mano y despedirse como los grandes amigos y enemigos íntimos que fueron. Lo milagroso es cómo Paulina consiguió que ambos se aceptaran y tolerasen el amor de otros hombres y amigos, como el pintor Ary Scheffer, que tuvieron menos suerte. Después de asistirles en sus últimos momentos, ella les sobrevivió casi 30 aqos.

La guerra franco-prusiana en 1870 destruyó el mundo cosmopolita en que vivía y triunfaba Paulina desde 1835. Pero, como buena administradora de su genio y sus afectos, compró una casa en Bougival en la que reprodujo a pequeqa escala Courtavenel y Baden-Baden. Tenía un hermoso parque donde los Viardot cedieron terreno al arruinado Turguénniev para construirse la casa donde finalmente murió. Aqos después, bajo los árboles, siempre elegante, Paulina paseaba de una casa vacía a otra, pensando en los amigos, amores y artistas que la iban dejando cada vez más sola.

Murió en 1910 y se reprodujeron entonces los elogios a su talento y las habladurías sobre su vida íntima. Al enjuiciar personajes célebres se tiende al blanco y negro, aunque en realidad nos las habemos siempre con variantes más o menos oscuras del gris. Sólo muy raramente, como en el caso de Paulina García Sitjes, más conocida en dos siglos como Paulina Viardot, nos sorprende el auténtico gris perla.

Encuesta


©