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¿Quién pagó a los mercenarios del 11-M?

Asturias Liberal, 2004-08-13

Según un informe policial al que ha tenido acceso EL Confidencial, los policías del mudo ministro del Interior, están convencidos de que al menos tres de los presuntos terroristas que participaron en los atentados del 11-M recibieron “algún pago” por su participación en la masacre. Los tres supuestos mercenarios son Mohamed Afalah, Abdelmajid Bouchar y Mohamed Belhadj, todos ellos actualmente en paradero desconocido.

Ya es casualidad que ninguno de los tres presuntos mercenarios se “suicidara” en Leganés o haya sido detenido. Pero son tantas las “casualidades” que rodean al 11-M que ya estamos curados de espanto. Ahora resulta que al menos tres de los terroristas que asesinaron a 192 personas e hirieron 1571, cobraron por hacerlo. Tal vez algún día sepamos quién les pagó. En cualquier caso, no será gracias al ministro Alonso o a su Secretario de Estado de Seguridad. Ambos están empeñados en que los españoles no se detengan en los agujeros negros que rodean la masacre de Madrid.

Fíjense en lo que hoy viernes 13 de agosto declara Antonio Camacho en el diario El País. Cuando el periodista Francisco Mercado le pregunta por lo confidentes, el secretario de estado le habla de los policías. Tal vez le haya traicionado el subconsciente y el interés por tapar algo que aún desconociéndolo teme que pueda perjudicar a su gobierno. Juzguen ustedes:

Pregunta.- ¿Tiene dudas del papel de los confidentes en el 11-M?

Respuesta.- No tengo ningún indicio ni elemento que me acredite que hubo alguna actuación irregular por parte de las Fuerzas de Seguridad en relación con el 11-M. No ha surgido ningún elemento que lo ponga de manifiesto. Por tanto, en este momento no tengo dudas, no de los confidentes, sino de los agentes que es lo que se plantea.

Vamos a ver, señor Secretario de Estado de Seguridad. El periodista le preguntó por los confidentes, ¿por qué le habla usted de los policías? ¿Acaso no distingue usted entre confites y policías? Sinceramente, no nos sorprendería. Zouhier, más que confidente parecía compañero de los guardias civiles que, o bien mintieron al juez del Olmo o mintieron en la Comisión de Investigación. Usted lo sabe, señor Camacho. No nos tome por imbéciles. Gánese el sueldo. No nos cuente más milongas. Tiene que explicarnos por qué mienten los agentes que bajo las órdenes del coronel Hernando –el hombre del saco del 11-M según el director del diario que más ha investigado la masacre- “controlaban” al confidente que les advirtió de que en Asturias se estaba traficando con explosivos.

El juez instructor quiere cerrar el sumario antes de que se cumpla el primer aniversario de la masacre. Tal vez para entonces sepamos quién, cómo y por qué financió la masacre que impidió que el Partido Popular ganase las elecciones. En cualquier caso, ni entonces ni luego dejaremos de preguntar por qué ETA robó en la calle, donde otro confidente, en este caso Trahorras, regentaba un garaje, el coche que horas después hizo estallar en Santander. Con todos los callejones que hay en el mundo, ETA tuvo que entrar precisamente en ése. Sin embargo, el ministro del Interior no ve indicios de la participación de los etarras en el 11-M. Tampoco nos cuentan nada del segundo coche supuestamente utilizado por los terroristas que “alguien” –sabe Dios quién- colocó, días después del once de marzo, a pocos metros de distancia de donde se encontró la célebre furgoneta de Alcalá.

Hoy más de media España dormita bajo el sol de agosto; sin embargo, se equivoca José Luis Rodríguez Zapatero si confía en que los españoles acabarán por olvidarse de los agujeros negros que envuelven el más salvaje atentado terrorista que hemos sufrido en nuestro país. Al menos nosotros no vamos a dejar de preguntar. ¡Queremos saber! ¿Quién ha sido? ¿Quién ideó la masacre? ¿Quién la financió?

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