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La policía española vigilaba a los terroristas once días antes de la masacre. La Comisión de Ocultación del 11-M

Asturias Liberal, 2004-08-30

El 7 de septiembre se volverán a reunir los miembros de la Comisión de Ocultación -de la doblez, del disimulo, del velo y del fingimiento- que dicen se convocó para saber qué pasó el 11 de marzo en Madrid. Y es que no podemos llamarle Comisión de Investigación a la reunión de un grupo de parlamentarios que ni siquiera son capaces de leer los autos que un juez instructor pone a su disposición. Si tuvieran algo de vergüenza los señores diputados que integran semejante engendro dimitirían en bloque. Pero no lo harán. ¿Dónde van a ir que más les valga?

Fíjense en lo que aseguró Jaime Ignacio del Burgo -diputado de UPN-PP y miembro de la Comisión de Investigación- el sábado 28 de agosto en el diario El Mundo: “Entre la avalancha de información enviada a la Comisión de Investigación del 11-M, un auto del juez Del Olmo, de 19 de julio de 2004, pasó inadvertido o, al menos, en mi grupo parlamentario no se le prestó la atención debida. Y sin embargo, como ponía de manifiesto El Mundo el 23 de agosto, había en él una información de excepcional importancia”. O sea, que ni Del Burgo ni sus compañeros tienen tiempo para leer los autos del Juez. Ya les vale. Tendrían que devolver el acta de diputado o al menos las dietas que reciben por no cumplir con su deber.

“La información de excepcional importancia” a la que se refiere el señor Del Burgo es la que se recoge en la página 27 del auto que le remitió con escasa fortuna el magistrado Del Olmo. No tiene desperdicio. Aquí la tienen: “Con relación a las intervenciones telefónicas de UDYCO-MADRID (autorizadas por los Juzgados de Instrucción que estaban conociendo de las citadas investigaciones), cabe recordar que no sólo se intervino, en lo que afecta a esta investigación, el teléfono de Rafá Zouhier, sino que se estaba produciendo la intervención de teléfonos de otros presuntos implicados, o que en los citados teléfonos intervenían o eran mencionados”. ¡Pásmense ustedes! ¡Lo que nos faltaba por leer! Ahora nos enteramos de que la policía española no sólo grababa lo que decía el confidente Rafá, también escuchaba las conversaciones de otros miembros del grupo de delincuentes que asesinó a 192 personas, entre ellos las de Jamal Ahmidan, alias El Chino.

Es más, según nos cuenta ahora Del Burgo, del auto del Juez, “se desprende que, en función de las mencionadas escuchas telefónicas ordenadas primero por un Juzgado de Parla y continuadas después por otro de Alcalá de Henares en el curso de unas investigaciones sobre un supuesto delito de narcotráfico, la unidad especializada en la lucha contra el tráfico de drogas y el crimen organizado de la Jefatura Superior de Policía de Madrid (UDYCO-MADRID) conoció cómo EL Chino se concertaba con Otman el Gnaoui para falsificar su pasaporte (conversación del 17 de febrero de 2003) y cómo ordenaba a su interlocutor que acudiera a Burgos el 29 de febrero en una “furgoneta” junto con otros miembros de la Célula de Morata de Tajuña para encontrase con los dos vehículos en los que El Chino trasladaba la dinamita facilitada por Suárez Trashorras”. A juicio del diputado del Partido Popular, del auto se infiere que la UDYCO grabó la conversación mantenida entre Suárez Trashorras y El Chino, el 26 de febrero, en la que acordaron que el traslado de los explosivos tendría lugar los días 28 y 29 de febrero”.

Si es cierto lo que afirma el juez Del Olmo en su auto y lo que infiere de su lectura Del Burgo, resulta que algunos agentes de la “deslumbrante” policía española conocían que muy pocos días antes del once de marzo un grupo de locos asesinos pretendían trasladar cientos de kilos de explosivos a Madrid. Nadie lo impidió. El automóvil en el que llegaron a Madrid fue multado en tres ocasiones antes de concluir su viaje desde Asturias, pero nadie lo detuvo.

He viajado muchas veces desde Tineo a Madrid y jamás me ha parado la Guardia Civil. Nunca me han puesto tres multas en el mismo viaje. Seguro que a ustedes tampoco. Sin embargo, el conductor de la caravana asesina y vigilada pagó al contado tres multas de la Guardia Civil. ¿Pura casualidad? O acaso, ¿algunos miembros de la Guardia Civil conocían lo que transporta el vehículo que tanto multaban? ¿Lo seguían? ¿Pretendían cerciorase de que alcanzaba su destino?

Tal vez algún día alguien nos conteste tan terribles preguntas. Pero no serán los miembros de una Comisión de Investigación a los que pasa inadvertido lo que el Juez Instructor asegura en un auto que les remitió, y es que la policía española conocía de las andanzas de EL Chino once días antes de la masacre. Por fortuna, en España se edita un periódico que parece no conformarse con el Cuento de Caperucita mediante el cual pretenden dormirnos. Por su interés, y para terminar, reproducimos el último párrafo de la Carta del Director del diario EL Mundo que hemos podido leer este domingo 29 de agosto: “De momento sólo al portavoz del PP en la Comisión del 11-M parece haberle hecho mella esta auténtica bomba -se refiere a lo que les hemos informado sobre EL Chino- procesal, policial política e informativa. Veremos, cuando se reanude el curso, si los grupos que conforman la mayoría pretenden archivarla a beneficio de inventario junto a todas las demás líneas de investigación perezosamente abandonadas, y si la sociedad española se lo consiente”.

Una vez más tiene razón Pedro J. Ramírez. Si la sociedad española insiste en creerse el cuento de Caperucita y, renuncia, como ha hecho hasta ahora, a preguntar por el hombre del saco, jamás sabremos quién nos mató el once de marzo.

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