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Zapatero encierra a España en el callejón de Trashorras

Asturias Liberal, 2004-12-15

El lunes 13 de diciembre Zapatero metió a todos los españoles en un callejón sin salida. En el de Trashorras. Ya no podrá volver a atrás. Ni él ni todos los que preguntamos por los misterios que rodean los crímenes de marzo. El rey de la selva quemó todos los puentes. Fue más lejos que nadie. Acusó al gobierno del Partido Popular de mentir masivamente desde la misma tarde del 11-M. Lo que no nos dijo es por qué no lo denunció entonces. ¿Acaso no era su obligación como parlamentario denunciar el engaño masivo que asegura existió? En cualquier caso, Bambi demostró que de dulce cervatillo tiene lo que yo de obispo. Huyó hacia delante arrasando con todo. Y no podrá desandar ese camino.

Si el Presidente del Gobierno acusa a Acebes de mentir desde el mismo momento en que se descubrió lo que contenía la famosa furgoneta que se encontró en Alcalá, es porque sin duda confía mucho en esa prueba. Lástima que nadie le recordara que las puertas de la furgoneta no fueron forzadas, que las llaves se robaron ocho meses antes de que fuera robada y de que diera con ella el portero que declaró en la Comisión de Investigación después de recibir una llamada de su Vicepresidente, el socialista Martínez San Juan, y, que –¡Oh sorpresa!- la furgo que tenía que haber sido conducida a las dependencias policiales de Moratalaz, fue sorprendentemente trasladada a Canillas, donde la policía científica encontró los detonadores y la dinamita que los perros caninos y sus guías no encontraron en un primer reconocimiento que realizaron en la calle donde apareció. El asunto de la furgoneta recobra una enorme importancia después de la comparecencia de Zapatero. No obstante, nadie le preguntó por las sombras que la envuelven.

Todavía están a tiempo. De momento no podrán cerrar la Comisión. Le han pedido al juez la parte del sumario a la que le ha levantado el secreto. Muy probablemente antes de que echen el cierre descubriremos nuevos misterios. Lo que ha quedado claro es que Zapatero comprometió toda su carrera política en este asunto. Su suerte está echada. Y la nuestra. No podemos dejar de preguntar. Tal vez ni haya pruebas ni las habrá, pero preguntas, sobran. Nadie confió en que llegáramos a saber tanto del GAL y lo supimos casi todo. Por cierto, el presidente señaló a Rafael Vera como confidente de Rubalcaba el once de marzo. Sin duda acertó el delincuente que entrara en prisión en enero. ¿Cómo sabía tanto y tan pronto? ¿Habló Vera con el coronel Hernando antes de trasmitir sus impresiones a Rubalcaba?

Jamás entenderemos por qué el Partido Popular no pidió que Vera compareciera en la Comisión de Investigación. El ex secretario de Estado socialista que se llevó los fondos reservados fue quien primero se ofreció a comparecer. Pero nunca más se supo. Es imposible imaginar tamaña hipocresía. Rubalcaba veta la presencia de Zouhier, Trashorras y Toro. No se fía de ellos. No quiere que ensucien el Parlamento. Y es que para confidente le basta con Rafael Vera. Él sí sabe. O, al menos, eso debió pensar el portavoz socialista cuando le llamó para preguntarle por la autoría de la matanza.

En cualquier caso, sus señorías necesitarán de bastantes días para leer los cinco tomos del sumario que les enviará el juez del Olmo. Por mucha prisa que se den nos dará tiempo a hacerles más preguntas. No otra cosa podemos hacer. Nosotros no estamos tan bien informados como Zapatero que, ya en la tarde del once de marzo, era consciente de que Acebes mentía. Su confidente acertó. No había sido ETA. Lástima que no lo dijera entonces. Muy probablemente Aznar le hubiera creído conociendo quién era su garganta profunda pero Zapatero calló. Lo cuenta ahora, cuando ya es el rey de la selva. Rey que no se atreve a entrar en el callejón de Trashorras ni en el despacho de Hernando, pero rey al fin. Y es que Bambi creció muy rápido. Mucho y demasiado rápido. Todos lo pudimos comprobar el lunes en el Parlamento. Creció tanto y tan de repente que ya no cabe por la puerta. No podrá volver a entrar. Hipotecó su carrera política. La dejó al albur. Sin embargo, no debe olvidar que en muchas ocasiones el azar se vuelve contra aquellos que confían ciegamente en él.

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