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Triste cuento de Navidad

Asturias Liberal, 2004-12-24

La Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Asturias no recurrirá el fallo de José Luis Niño -titular del Juzgado de Primera Instancia de Avilés- en el que se permite abortar a una deficiente avilesina embarazada de seis meses. No sé que más puedo añadir sin incurrir en delito. Pero lo voy a intentar. Casi lo considero un deber.

Han leído ustedes bien, podrá abortar legalmente una joven embarazada de seis meses. Niño se apellida el juez que autoriza a sus tutores a decidir lo que ella no puede decidir. Si nadie lo remedia, resolverán jueces, fiscales y tutores, la que no lo hará será la criatura que lleva en sus entrañas la joven de Avilés. Otros decidieron por ella que podía no nacer por ser hija de una madre discapacitada.

Dicen que estamos en Navidad, que según un midrás milenario celebramos el nacimiento de un niño pobre que nació huyendo a las afueras de una ciudad. Se supone que festejamos el nacimiento -no de un integrado, de un apocalíptico- de un marginado que por no poder no pudo nacer en Belén. Es cierto que los relatos de la infancia de Jesús tienen poco de históricos, tal vez, nada; y que Jesús no nació en invierno ni murió con 33 años. Pero no importa. La historia es bonita. Lástima que me cueste tanto asumir que nos empeñemos en celebrarla en los grandes almacenes, huyendo de nosotros mismos y fingiendo una alegría que estamos muy lejos de sentir. Y eso no es todo, también he de soportar que sean muchos los que me desean felicidad poco antes de hacer proselitismo del aborto.

Nadie lo siente más que yo, pero detesto esta Navidad que no celebramos. Y a partir de hoy la aborreceré mucho más. Es lo que tengo que agradecer al juez Niño. Al consumismo, a la hipocresía y al sin sentido de todos los años, tendré que añadir la decisión del magistrado de Avilés. El aborto me parece el mayor crimen del siglo XX. No soy muy original. Coincido con Julián Marías. Tal vez una inmensa mayoría de las mujeres que se desprenden de sus hijos, crean que de nada se desprenden. No piensan como yo. Eso es todo. Lo que ocurre es que ese “todo” es mucho. No estoy en contra del aborto porque sin conseguirlo intento vivir como cristiano, estoy en contra porque estoy vivo y nací de mujer. Y lo estoy en cualquier caso salvo en el que corra peligro cierto la vida de la madre. Estoy en contra con seis meses de gestación, y con tres, y con dos, y con uno. La Ley Natural que por tener conciencia aprendí, me enseñó que no puedo querer para los demás lo que no quiero para mí. ¿O no juez Niño?

¿Quién con un mínimo de honradez puede aceptar la falsedad que defiende que a los 2 meses, 29 días, 23 horas, 59 minutos y 59 segundos no existe vida y un instante después sí? Si no hay nada, si lo que se extrae del cuerpo de la madre es algo parecido a una muela, ¿por qué los que hacen propaganda del aborto y lo presentan como un derecho inalienable insisten en que para toda mujer significa siempre un trauma abortar? Nadie se traumatiza de por vida por ir al dentista. Si es una muela lo que se desaloja de las entrañas de las mujeres que abortan, ¿por qué las abortistas hablan entonces de trauma? Y si no es una muela, sí es una criatura distinta del padre y de la madre, nadie, ni siquiera éstos, salvo para protegerla, pueden decidir por ella.

Que la vida de una criatura dependa de su madre, no le otorga a ésta otro derecho que no sea el de cuidarla. También un recién nacido depende de otros para sobrevivir y a nadie se le ocurriría justificar que se le pueda asesinar. Perdonen tan prosaico ejemplo, pero cuando yo me subo a un taxi también mi vida depende del conductor, si el taxista conduce el coche a un precipicio y, dejándome a mí dentro, se baja de él antes de que se despeñe, sin duda le acusarían de asesinato. El slogan que muchas mal llamadas feministas han difundido y que reza “nosotras parimos, nosotras decidimos”, olvida que también son niñas muchas de las criaturas que no nacerán gracias a su infamia. Extraño feminismo el que impide que miles de féminas nazcan cada año en España.

Gracias al auto del juez Niño –lo de niño no es un sarcasmo- aborrezco un poco más una Navidad que no celebramos. Triste cuento navideño el que ha escrito el magistrado que decidió por una criatura que lleva seis meses viviendo en las entrañas de su madre. Terribles los tiempos en que los padres no protegen la vida de sus criaturas. Le agradezco al Gobierno de Zapatero que evite pronunciar la palabra Navidad en sus felicitaciones oficiales. Al menos, en este tema huyó de la hipocresía. Lástima que no todos hagamos lo mismo. Yo intenté con este artículo que escribí con demasiada premura celebrar a mi modo la Navidad. Siento que no sirva para nada. No soy juez. Si lo fuera jamás firmaría un auto como el que firmó el magistrado Niño. Que la esperanza que nació a las afueras de Belén le perdone y bendiga a la joven de Avilés y a su hijo.

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