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El silencio y la vergüenza

Asturias Liberal, 2005-01-19

Cuesta mucho entender lo que está ocurriendo en España. Nadie pide responsabilidades, pero tampoco nadie desmiente las investigaciones del diario El Mundo. El último ejemplo lo tenemos en lo que ha ocurrido hoy, martes 18 de enero. Según el ministro del Interior, lo que ayer aseguraba el periódico de Pedro J. Ramírez ya “ha sido convenientemente investigado”; sin embargo, José Antonio Alonso no niega que Mohamed Haddad, un militante islámico al que testigos presenciales sitúan colocando una de las bombas de los atentados del 11-M, se encuentra en libertad en Tetuán después de haber sido detenido y excarcelado por la justicia marroquí.

Hemos de insistir en lo que ya hemos dicho en muchas ocasiones. Si lo que dice el rotativo madrileño es falso, alguien tendría que exigirle responsabilidades ante los tribunales; sin embargo, nadie hasta ahora lo ha hecho. ¿Por qué José Antonio Alonso no desmiente al diario El Mundo? Si dice que se investigó convenientemente, él ha de saber si es cierto o no que uno de los máximos implicados en la masacre de Madrid se pasea tranquilamente por las calles de Tetuán con el consentimiento de las autoridades de un país que ahora nos quieren vender como hermano.

Por mucho que lo intenten con vergonzosas alianzas, se equivocan los socialistas si confían en que todos los españoles nos vamos a olvidar de cómo alcanzaron el poder. Nadie puede culparles de la matanza, pero una cosa es no imputarles los crímenes, y otra muy distinta acusarles de lo que parece incuestionable, y es de que nos están ocultando información.

Paulino Rivero, el melifluo Presidente de la Comisión Parlamentaria que NO INVESTIGA los atentados del 11-M, denunció no hace muchos días que el Gobierno no le había remitido en la fecha acordada –aún no lo ha hecho- los documentos que le pidieron. Incluso se tuvo que suspender una reunión que se había convocado para analizarlos. Y no es la primera vez que Zapatero y sus ministros incumplen sus compromisos en asunto de tanta importancia.

¿O es que acaso señor Rajoy, saber qué ocurrió en marzo no es tan importante o más que neutralizar el Plan Ibarretche? ¿De qué nos sirve una España unida si no es capaz de honrar a sus muertos? ¿Merece la pena vivir en un país que se abraza a los verdugos de 192 inocentes que no llevaban escolta? ¿Hubiera ocurrido el 11-M si Marruecos no lo hubiera permitido? Con Ibarretche o sin Ibarretche, no puede tener mucho futuro una nación que prefiere no saber y rendirse antes que luchar.

Jamás olvidaré esta frase que le escuché a un obispo bosnio: “Yo puedo poner la otra mejilla si vienen a por mí, pero sería un cobarde y un traidor si permitiera cruzado de brazos que masacraran a mi pueblo.” Ni Zapatero ni Rajoy muestran la dignidad que mostró el prelado. Lo suyo es acusarse de todo para pactarlo todo. También el silencio y la vergüenza.

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