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Pelayín

España Liberal, 2005-05-10

Que me da que ya saben que es niño. Y quiera Dios que sea tan guapo como la madre y tan alto como el padre. Le deseo lo mejor. Como a todos los niños. Que nazca sano y crezca feliz. Por ahora poco más puedo desearle. Falta aún mucho para que reine si es que llega a reinar. Que como no cambien mucho las cosas será sobre la nada. Así que es mejor esperar un poquito para desearle algo más de lo mucho que ya tiene. Que disfrute mientras pueda del jardín del palacio de su papá. Ojalá lo pueda heredar.

Aunque no me sorprende –sé en que país vivo- me cuesta mucho entender la enorme importancia que tantos y tan sesudos analistas le han dado a la noticia de la real gestación. Tal vez se podría tratar el tema con un poco más de ternura y con menos solemnidad. Si al final lo que importa es que nace un niño en un país en el que nacen muy pocos. Pero a los españoles nos ocurre siempre lo mismo. Masticamos hasta la náusea todos los chicles que nos ofrecen. Todos sirven para distraernos.

Cuando no se muere un Papa nace un infante. Lo urgente no nos deja ocuparnos de lo importante. Y es tanto siempre lo urgente que no damos abasto. Nace un niño. ¡Dios lo bendiga! Punto. En este caso lo importante no es que nazca, es que tenga algo que heredar. El hijo de Letizia y los hijos de las madres que viven en Carabanchel Bajo. Pero de eso no nos ocupamos. Sólo se ocupa el estadista que se reconoció como tal el 11-M Él no se distrae. No se olvida de lo importante. No pierde de vista la herencia de Pelayin. Y sólo él sabe que quiere hacer con ella.

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