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Jordi Jané pregunta ahora por El Chino

España Liberal, 2005-05-22

Según informa hoy –sábado 21 de mayo- el diario El Mundo, “Convergencia i Unió (CiU) tiene muchas dudas sobre las circunstancias en que una patrulla de la Guardia Civil detuvo a Jamal Ahmidan, El Chino –uno de los siete islamistas presuntamente relacionados con el 11-M que se suicidaron en Leganés- cuando conducía un coche hacia Madrid, y poco después le dejó continuar el viaje. Para aclararlas, el diputado Jordi Jané presentó ayer 12 preguntas dirigidas al Gobierno, en las que pide diversas explicaciones para que le sean respondidas por escrito”.

Como recuerda el periódico madrileño, “La parada del El Chino tuvo lugar el 29 de febrero del año pasado, 11 días antes de los atentados, cuando la Guardia Civil dio el alto al coche que conducía en la carretera de Burgos a Madrid. Poco después le dejaron proseguir su periplo. El pasado 5 de mayo, los miembros de la Comisión del 11-M vieron en sesión secreta diversos documentos. A Jordi Jané le sugirieron numerosas dudas en relación con El Chino y con esa retención, lo que le ha llevado a interrogar al Gobierno”.

La señoría catalana pregunta al ministro Alonso por Jamal Ahmidan, pocas horas después de que conociéramos que el policía sirio –Maussili Kalaji- que liberó los móviles que supuestamente se utilizaron en la masacre mantenía estrechas relaciones de amistad con varios de los supuestos autores materiales. Es más, Lina, la hermana de Maussili, era la encargada de traducir las escuchas telefónicas que la Comisaría General de Información realizaba a las células islamistas instaladas en España. Lina, con 16 años de experiencia como traductora, alertó en numerosas ocasiones sobre el peligro de Sherhane Ben Fakhet, tristemente conocido como El Tunecino. Pero no acaban ahí las casualidades familiares. Resulta que uno de las primeros miembros de la policía que el 11-M tuvo acceso a la furgoneta de Alcalá fue la esposa de Kalaji, la agente Marisol. Si gracias a las tarjetas vendidas en la tienda del policía los GEO dieron con el piso de Leganés –donde posteriormente murieron en una explosión los terroristas islamistas–, gracias al descubrimiento de la furgoneta Kangoo se tuvo acceso a las cintas del Corán, que dio fuerza a la pista islámica frente a la etarra.

Después de tantas “coincidencias” a nadie puede sorprender que Maussili esté de baja por “depresión”. No obstante, no dudamos de que como tantos otros -entre ellos Lavandera, Zouhier, los hermanos Toro y Cartagena- también él informó a sus superiores de todo lo que tramaban sus amigos y de que no se trataba precisamente del 11-M. Maussili declaró el viernes a El Mundo que cumplió con su deber. Estoy convencido de ello. Por eso está de baja. Pero hablará. Es un aventurero y no callará por mucho más tiempo.

Quizás muy pronto nos cuente Maussili Kalaji que a él le consta que Zougam y sus amigos no participaron en el mayor atentado que hemos sufrido en Europa. Tal vez mañana tenga que rectificar, pero desde hace ya varios meses estoy convencido de que la mochila número 13 -la bolsa trashumante que no podía explotar jamás y que fue desactivada después de aparecer por “arte de magia” en una Comisaría de Vallecas, y gracias a la cual se detuvo tan a tiempo a Jamal Zougam - no es más que la mayor de las piedras del cuento de Pulgarcito con el que pretenden dormirnos.

Dicen que Del Olmo quiere reconstruir los hechos para comprobar si en los trenes de la muerte causó tanto destrozo lo que dicen que estalló en ellos. Ojalá lo logre el magistrado instructor. Puede que entonces comprobemos que 10 mochilas con 12 kilos de Goma 2 repartidos en cuatro trenes no pueden hacer tanto daño. Tal vez fuera Tytadine y “algo más” lo que sirvió para asesinar a 191 personas y conseguir así que medio millón de españoles cambiaran su voto.

El caso es que sólo tras conocerse todo lo que se ha conocido en los últimos días, Jordi Jané –el diputado catalán tiene fama de inteligente y de muy hábil interrogador- pregunta ahora por El Chino. Y no es el único que tiene dudas sobre la información que le llaga del Ministerio del Interior. Cuando en las raras ocasiones en que el ministro Alonso comparte con los ciudadanos alguna información sobre el 11-M, siempre recuerda que él cuenta lo que antes le contó la policía. Aquí casi nadie confía ya en nadie. El único que lo tiene claro es Zapatero. El presidente del Gobierno no duda. Es como un tren en marcha siempre en la misma dirección. Él lo sabe todo. Esperemos que un día nos explique lo de la mochila número 13. ¿A qué espera Del Olmo para citarle en su despacho y preguntarle por la bolsa que una vez desactivada le convirtió en rey de la selva?

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