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Masacre de Londres. Todo resuelto a la española

España Liberal, 2005-07-15

Mis siempre amables lectores conocen la enorme admiración que siento por Fernando Múgica. No creo que le moleste al mejor periodista de España que reproduzca aquí su último artículo. No tiene desperdicio. Léanlo y comprobarán una vez más que nos han tomado por tontos. No lo pierdan. Aquí lo tienen:

Fernando Múgica.
Diario El Mundo - Lunes, 11 de julio de 2005

Todo resuelto

Las autoridades británicas tienen prácticamente resuelto el caso de los atentados del 7 de julio. Una serie de circunstancias, que han trascendido ahora a la opinión pública, llevaron a los investigadores a detener a los culpables en menos de tres días. Estos son los hechos.

El portero de una casa, situada enfrente de una de las estaciones de Metro de la línea que hace el recorrido hasta Egward Road, se dio cuenta en la mañana del día 7 de julio de la actitud sospechosa de un hombre que estaba junto a una furgoneta aparcada en la calle. Tenía el rostro cubierto a pesar del calor y se dirigió con una mochila al hombro hacia la estación de metro cercana.

A la taquillera también le llamó la atención porque el hombre no se quitaba para hablar una especie de media que le cubría la boca y hacía que sus palabras fuesen casi ininteligibles. Pidió varios billetes cambiando varias veces de destino.

La policía, alertada por esa llamada, se acercó hasta la furgoneta. Los agentes la revisaron con perros adiestrados sin que pudieran encontrar nada sospechoso. A pesar de todo, y en medio del caos producido esa mañana por los atentados, decidieron llevarla hasta las dependencias de la comisaría cercana. Más tarde se recibió la orden de trasladarla a la central de inteligencia de Scotland Yard donde, ya por la tarde, se encontró en el interior del vehículo una cinta magnetofónica con versos del Corán y una bolsa de plástico con detonadores y restos de explosivo.

Ese mismo día 7 de julio, la policía ya se puso en la pista de un ex minero, John Curry, que había trabajado en una mina de Gales, de donde supusieron los investigadores, tan sólo horas después de los atentados, que podrían provenir los explosivos utilizados por la policía.

Se da la circunstancia de que John Curry, el hombre que al parecer ha proporcionado los explosivos a los terroristas, ha sido durante los últimos años un colaborador de uno de los Chief Inspector de la localidad de Gales en cuyos terrenos se encuentra la mina donde trabajaba John. Se ha sabido también que Scotland Yard ya conocía desde el año 2001 que tanto John como su amigo y socio Bull vendían en el mercado de los clubes nocturnos galeses explosivos y buscaban quien fabricara bombas con móviles.

Como dato anecdótico se ha conocido también que para uno de sus últimos atentados, el grupo terrorista Ejército Republicano Irlandés (IRA) robó un coche enfrente del garaje de la localidad de Gales donde John Curry guardaba los explosivos. Su esposa no ha podido explicar por qué tenía en su domicilio los teléfonos de varios inspectores -incluido el del jefe de la brigada de desactivación de explosivos- de la rama antiterrorista de Scotland Yard.

Pero lo que realmente ha proporcionado el éxito fulminante a la policía británica ha sido el descubrimiento, durante la noche del 7 al 8 de julio, en una comisaría británica de una bolsa con una bomba teóricamente similar a las colocadas en el Metro. Al parecer habían llevado a esa comisaría restos de equipaje encontrado en los andenes de las estaciones siniestradas.

La bomba, afortunadamente, tenía un cable suelto por lo que los inspectores encargados de la desactivación no tuvieron problemas para conseguir intacto el material utilizado: un teléfono móvil con su tarjeta unido a una carga de explosivos.

El teléfono se vendió hace dos semanas en un establecimiento del sur londinense. Los indios no han podido aportar datos sobre a quién vendieron los teléfonos, sólo recuerdan a unos europeos que dijeron ser búlgaros y que mandaron liberar algunos teléfonos. No obstante han sido encarcelados y acusados de colaboración con banda armada.

Se da la circunstancia de que el establecimiento donde se liberaron esos teléfonos es propiedad de un superintendente de Scotland Yard especializado en la lucha antiterrorista. Curiosamente, su ex mujer, Mary Sun, fue uno de los policías que llegó primero hasta la furgoneta encontrada junto a la estación de metro. Además, la hermana de este policía trabajaba como traductora de árabe para Scotland Yark

La tarjeta se vendió en otro establecimiento, esta vez en el norte de Londres, a 20 kilómetros del establecimiento anterior. Durante la tarde del día 8, el matrimonio indio que regenta el local afirmó que no podía aportar datos concretos sobre los compradores.

Al día siguiente, presionados por inspectores duros de la rama antiterrorista que lucha contra el IRA, afirmaron habérsela vendido a un pequeño establecimiento de móviles situado en la céntrica calle de Oxford Street.

Los encargados de este establecimiento ya han sido detenidos como autores materiales de las masacres del Metro y del autobús londinense. Una coincidencia más. Tanto el Security Service -más conocido como el MI5- como Scotland Yard estaban siguiendo desde hacía meses a los individuos relacionados con este locutorio. Pero hace medio año todos los investigadores encargados del caso abandonaron los seguimientos para trasladarse a Manchester con el fin de seguir un soplo facilitado por la Oficina Federal de Investigación (FBI) de Estados Unidos.

El Government Communications Headquarters (GCHQ), el departamento encargado de las escuchas y comunicaciones, ya tenía en su punto de mira a todas estas personas. Sus teléfonos estaban intervenidos y el locutorio estaba plagado de micrófonos.

Llama la atención que los encargados del locutorio de Oxford Street tuvieran que recorrer decenas de kilómetros en Londres para comprar en dos establecimientos lejanos teléfonos y tarjetas que poseían en grandes cantidades en su establecimiento. También suena extraño que siguieran hablando en sus móviles con tarjetas con la misma serie que la encontrada en la bomba de la comisaría cuando su negocio era precisamente la obtención y manipulación de todo tipo de tarjetas para móviles.

Scotland Yard se ha felicitado por la suerte que han tenido al topar con unos terroristas que han dejado pistas tan claras. Se ha conocido ahora también que la persona que puso en contacto, en una prisión galesa, a John y Bull con los hombres de la célula del locutorio de Oxford Street, trabajaba para Scotland Yard.

El Secret Intelligence Service -el SIS, más conocido como MI6- también estaba al tanto de las actividades de este grupo. Es más, sus homólogos israelíes les habían advertido a lo largo de todo el año de que atentados como los del día 7 podían suceder. Los espías israelíes mostraron a sus jefes su enfado al ver la poca receptividad del MI6 y del MI5.

¿Ustedes se creerían toda esta historia? Suena ridícula, ¿verdad? Pues es exactamente lo que quieren que nos creamos que sucedió el 11-M en Madrid. Sobran los comentarios.

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