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Luis del Pino, 21 de Mayo de 2006

Los Enigmas del 11-M

Ayer anunció Francisco José Alcaraz, en los micrófonos de la COPE, que la AVT convocará próximamente una manifestación para exigir la verdad acerca del 11-M. El lema y el día exactos serán publicados en los próximos días, pero ya sabemos que la manifestación se celebrará en junio o julio.

Una excelente noticia. Es hora de emplear el derecho de manifestación para hacer saber al gobierno (y para trasladar a la opinión pública) que no podemos consentir que se tape la mayor masacre terrorista sufrida por nuestro país; que no pueden tomarse decisiones que afectan de manera trascendental al futuro de la nación cuando se acumulan las sospechas sobre las causas y la ejecución de esa masacre; que no puede despreciarse a las víctimas de esos atentados negándolas el derecho a conocer quién y por qué atentó contra ellas.

No vamos a insistir sobre lo chocante que resulta que un gobierno que accedió al poder en medio de la conmoción provocada por un brutal atentado trate de evitar, por todos los medios, que se hable siquiera de ese atentado. Tampoco vamos a volver a recordar lo esperpéntico de una instrucción judicial que se apoya en pruebas acreditadamente falsas. Pero sí queremos lanzar un mensaje muy claro: todos los españoles, sean cuales sean sus opiniones políticas, tienen el derecho a conocer lo que pasó. Porque mientras no se aclare la masacre, estamos condenados a vivir en un estado de democracia secuestrada, en el que el gobierno de turno estará a merced de aquéllos que no duden en usar la violencia para conseguir sus fines políticos.

Todos tenemos derecho a la verdad, pero especialmente aquellos que creyeron de buena fe en una versión oficial que cada día es menos comprensible. ¿Fue el 11-M un atentado islamista? Perfecto, pero entonces queremos saber los detalles exactos sobre quién lo decidió, quién lo organizó y quién lo ejecutó. Porque la historia que nos han contado es infumable. ¿No fue un atentado islamista? Perfecto también, pero entonces queremos saber quién lo hizo.

Lo que de ningún modo puede consentirse es que, dos años después, sigamos sin saber siquiera quién colocó las bombas en los trenes, quien las fabricó, cómo estaban hechas, qué explosivo se utilizó, dónde se montaron, ... ¿Dos años de investigación para seguir sumidos en un mar de enigmas? ¿Acaso no se merecen las víctimas, acaso no nos merecemos todos los españoles, y especialmente aquéllos que le votaron, que el Gobierno nos de unas explicaciones completas y creibles sobre lo que sucedió?

En las próximas semanas, saldremos a la calle. Porque cada vez somos más los que seguimos queriendo saber. Sea lo que sea lo que se esconde tras la puerta, queremos que esa puerta se abra. No estamos dispuestos a vivir con miedo permanente a un desconocido monstruo. Nuestra democracia se merece alcanzar el fin de la infancia.

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