Federico Jiménez Losantos

Intelectuales Segunda República

Víctor LLano

La Navaja de Ockham

Servicios

Noticas en directo

FERNANDO II DE ARAGON Y V DE CASTILLA: El rey fundamental

El Mundo, 21 de junio de 1998

Tenía 10 años cuando estalló la rebelión de Barcelona contra su padre Juan II. Aprendió en la más dura de las escuelas lo que eran la muerte, la traición, el dinero y la fuerza. Sus proezas militares no tienen parangón: conquistó el reino de Granada, Navarra y tomó las plazas del Norte de Africa.

FERNANDO II DE ARAGON Y V DE CASTILLA: El rey fundamentalCuentan que Felipe II dijo un día en El Escorial señalando un retrato de su bisabuelo Fernando: «A él debemos todo». Y es muy cierto que cuando España dominaba el más vasto Imperio conocido lo fundamental provenía de los Reyes Católicos, y en especial de quien más se preocupó de la guerra y la diplomacia: Don Fernando. Sus proezas militares, políticas y diplomáticas no tienen parangón: venció al frente del bando isabelino en la guerra civil de Castilla, derrotando a Portugal, terminó de conquistar las Canarias, conquistó el Reino de Granada liquidando la presencia islámica en España, dominó Italia derrotando brillantemente a la invencible Francia, conquistó Navarra, tomó las plazas del Norte de Africa entre el Estrecho y Túnez, en su reinado se descubrió América y empezó su colonización. También se descubrió el Océano Pacífico, se exploró el Africa Oriental y se abrieron nuevas rutas de comercio con Europa y por Africa...

Todo eso partiendo de un reino en decadencia que apenas pasaba del millón de habitanttes y, tras casarse a los 17 años, a escondidas y con una dispensa papal falsa, con una prima suya que sólo tenía 18, y a la que meido reino se negaba a reconocer como heredera del trono. No ha habido una reina como Isabel en toda nuestra historia, pero tampoco un rey como Fernando. En realidad, ni en España ni en ningún otro país del mundo hallamos una pareja remotamente comparable.

«Desde su niñez fue criado en guerras, do pasó muchos trabajos y peligros de su persona. Y porque todas sus rentas gastaba en guerras que tenía, estaba en continuas necesidades», dice de Fernando de Aragón Hernando del Pulgar en su Crónica de los Reyes Católicos. Había nacido en 1452 y tenía 10 años cuando estalló la rebelión de Barcelona contra su padre, Juan II, que desembocaría en una década de cruenta guerra civil. Vio cómo la mitad de los patricios catalanes proclamaba rey al de Castilla y luego a más de un infante francés.

Aprendió en la más dura de las escuelas lo que era la muerte, la traición, el dinero y la fuerza. Cuando su padre lo nombró rey de Sicilia, todavía niño, tenía ya la corona dentro de la cabeza. Y cuando se casó con Isabel, e inmediatamente debió ponerse al frente de las tropas para defender su derecho al trono de Castilla, comenzó una guerra que terminaría con su muerte.

Tenía como divisa «Tanto monta», inventada por Nebrija en recuerdo de Alejandro Magno, que se encontró con el célebre yugo atado con una soga y cuyo nudo debía desatar el que pretendiera la conquista de Oriente. Alejandro no se entretuvo y lo cortó con un tajo de su espada. El gesto retrata bien la decisión de Fernando, pero Maquiavelo lo tomó como modelo para El Príncipe porque su astucia era mayor que su audacia.

La Edad Media española termina a todos los efectos cuando los Reyes entran en Granada tras la guerra victoriosa conducida por Fernando, pero puede decirse que su última representación tiene lugar el 1 de marzo de 1476, en la batalla de Toro, cuando el príncipe heredero de Aragón y rey de Castilla, rodeado de sus fieles aragoneses, tiende su lanza al frente del cuerpo central del ejército de Isabel y encabeza la carga contra las tropas portuguesas y castellanas que defienden la causa de Juana «La Beltraneja».

En su minuciosa y prodigiosa reconstrucción de esta guerra, Luis Suárez Fernández dice que es la última vez que Castilla vio el espectáculo de un rey cargando al frente de sus caballeros con los cascos, armaduras y vistosísimos arreos medievales. Es rigurosamente cierto. Fernando decidió esa noche en el campo de batalla aquella larga guerra y aseguró la corona de Isabel, que era la suya. Pero la reina también había luchado pueblo por pueblo, encargada de la intendencia y la enfermería, sin olvidar actuaciones políticas espectaculares, como cuando se presentó a cuerpo limpio en Segovia y dominó con su sola presencia y autoridad una rebelión ciudadana que había secuestrado a su entonces única hija María. El apoyo de los aragoneses a los castellanos de Isabel tuvo también éxito cuando Luis XI de Francia invadió Guipúzcoa y Navarra con más de 20.000 hombres, estrellándose en Fuenterrabía. Fernando dirigió la lucha en Guipúzcoa y Vizcaya, luego en Navarra, sin dejar de combatir en Castilla.

Con apenas 25 años, la pareja real desplegaba una gran actividad militar y diplomática en los frentes de Aragón -Francia, Italia, la Santa Sede- y en los viejos y nuevos de Castilla. Acabó venciendo en todos. Isabel aguantó como pudo los justificados celos que Fernando le daba. Tuvo mérito. Un sector muy importante de Castilla era contrario a la unión con Aragón que signnificaba la boda de los príncipes. Todos veían que era algo más que una boda, porque en esa época las uniones de los pueblos pasaban por la unión de los soberanos y pronto quedó claro que aquella pareja venía realmente a dejar huella.

Pero la corona de Castilla tenía tres veces más tierra y seis veces más gente que la de Aragón y, aunque desde el compromiso de Caspe, los reyes aragoneses pertenecían a la misma dinastía castellana de los Trastámara, los dos reinos tenían orientaciones políticas muy distintas. Francia era el primer socio comercial de Castilla y un tradicional aliado atlántico, mientras que Aragón era enemigo incondicional de Francia y buscaba su aislamiento mediante alianzas con Borgoña, el Papa o Inglaterra para asegurarse la hegemonía en el Meditarráneo.

Lo que podríamos llamar el bando atlántico de Castilla prefería la unión con Portugal, mientras Isabel y, por supuesto, Fernando, preferían la alianza aragonesa dejando para sus hijos la unidad peninsular. Si no quisieron titularse Reyes de España, aunque todos los reconocían como tales, fue para ir acostumbrando a la unión a castellanos y aragoneses sin cerrar la puerta a los portugueses que, hasta Camoens, también se llamaban españoles.

Tras derrotar a Portugal y Francia, Fernando se puso en 1482 al frente de la mayor empresa militar de los reinos cristianos españoles: la conquista del último reino musulmán de la Península. Diez años de costosísimos empeños, alardes militares, políticos y diplomáticos culminaron con la entrada de los Reyes en Granada el 2 de enero de 1492. Terminaba así la Reconquista y esto confirió un prestigio extraordinario en toda Europa a Fernando e Isabel. Fue también el año del Descubrimiento de América, el de la expulsión de los judíos y el de la primera gramática castellana, entre otros hechos decisivos. Fernando acababa de cumplir 40 años, vivía el apogeo de su gloria, pero en Barcelona, donde concluida la guerra civil había resuelto eficazmente el conflicto de los payeses de remensa y enderezado la reorganización de Cataluña -el redreç-, acechaba la muerte.

Un payés loco saltó sobre él en la escalinata de la plaza del Rey y le dio una puñalada en el cuello, mortal de necesidad. La gruesa cadena de oro que siempre traía frenó el tajo pero la herida era tan grande que la reina no quiso verla. Pasó tres días prácticamente muerto pero su constitución consiguió vencer la fiebre y la infección. Vivió aún 20 años, aunque sólo cinco buenos. En Nápoles, los ejércitos de Fernando, gracias a la experiencia granadina, alumbraban una nueva técnica de combate, basada en la combinación de caballería ligera e infantería armada con arcabuces. Gonzalo Fernández de Córdova El Gran Capitán fue el brillantísimo general que en Ceriñola y Garellano derrotó a los franceses y aseguró para Aragón el dominio de toda Italia y el control del comercio mediterráneo. También consiguió otra vieja aspiración aragonesa: recuperar el Rosellón.

Todo se torció en el mes de septiembre de 1497, cuando el príncipe heredero don Juan, recién casado con Margarita de Austria, se sintió muy enfermo durante una visita a Salamanca. Avisado Fernando, llegó a galope tendido desde Valencia a Alcántara, pero sólo pudo acompañar a su único hijo y sucesor en los últimos momentos. Margarita estaba embarazada, pero abortó. Quedaban otras cuatro hijas. La mayor, María, estaba casada con Manuel de Portugal, y sus padres la hicieron jurar como princesa para impedir que su herencia saliera de la Península. María tuvo un hijo, Miguel, que sucedía a Juan, pero ambos murieron poco después. En 1504 falleció Isabel, y su yerno Felipe, ya I, quiso apartar cuanto antes al suegro de la regencia y aliarse con Francia. Fernando se casó entonces con Germana de Foix, que tuvo un hijo, muerto al nacer. Pudo reclamar la mitad «ganancial» de Granada y de las Indias, para impedir que un Habsburgo sometiera a Francia el naciente imperio; pensó incluso en su nieto Fernando como heredero; al fin se designó a Carlos. Antes de morir en 1512, rindió otro servicio decisivo: la conquista de Navarra, más unida a Aragón pero que entregó a Castilla para protegerla mejor. Con el viejo reino, Fernando acababa de reunir bastante más que España. Dicen que murió tratando de engendrar un heredero. Es comprensible.

Encuesta


©