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MARIA AMALIA DE SAJONIA: La reina del Belén

El Mundo, 13 de diciembre de 1998

Esposa de Carlos III, uno de nuestros grandes reyes, y madre de Carlos IV. Impulsó la tradición del belén entre los españoles. Fumaba cigarros habanos para calmar sus nervios. Murió con 35 años de tuberculosis.

MARIA AMALIA DE SAJONIA: La reina del BelénComo otras tradiciones españolas que se suponen antiquísimas, la de instalar un belén en todas las casas, de las más empingorotadas a las más humildes, viene del siglo XVIIII. Y la responsable fue una reina que sólo pudo pasar un invierno en el Trono, que llegó con 34 años y murió con 35, que se llamó María Amalia de Sajonia y que fue la primera esposa y la única mujer de uno de nuestros grandes reyes, Carlos III.

En realidad, la figuración del belén es una tradición que viene de los orígenes del cristianismo. A finales del siglo II se encuentran imágenes de la Virgen y el Niño en as catacumbas y desde el siglo V se multiplican en los mosaicos de las iglesias bizantinas escenas ya codificadas con la Virgen, el Niño, San José, el buey, la mula y la estrella. La idea de Belén como símbolo de nuevo nacimiento, ligado a la celebración del solsticio de invierno, esto es, del triunfo del sol y de la luz sobre las tinieblas, tuvo siempre gran aceptación popular, aunque las disputas teológicas impidieran unadefensa entusiasta por parte de la Iglesia. En la baja Edad Media, el belén fue tomando forma y haciéndose costumbre en los monasterios alemanes, desde donde pasó rápidamente y triunfó en Italia. Allí, San Francisco de Asís representó por primera vez un belén viviente. Durante el renacimiento y, sobre todo, en el barroco los autos sacramentales se convirtieron en símbolo del catolicismo frente al protestantismo.

En España, la celebración de la Navidad tiene raíces culturales aún mas profundas. Los primeros poemas completos en romance castellano son villancicos, es decir, sencillas canciones de villanos en un castellano balbuciente para celebrar la Nochebuena. El villancico se mantiene en la lírica culta de forma inalterable hasta el siglo XVIII. Y entonces es cuando aparece la costumbre popular del belén casero, asociada a la de los villancicos. Como entonces, se cantan en grupo, acompañados por los instrumentos musicales máshumildes e improvisados, desde el almirez a la zambomba y a la botella de anís tañida con tenedor.

El belén, que se presenta con sorprendente salud estética en el umbral del siglo XXI, tiene su particular nacimiento en el Palacio del Buen Retiro,tres meses después de llegar al trono en 1759 Carlos III, un madrileño que reinaba en Nápoles hasta que la muerte sin sucesión de su hermanastro Fernando VI lo convirtió en rey de España y de las Indias. Carlos era el primer hijo de Felipe V y su segunda esposa, la italiana Isabel de Farnesio, que consiguió el ducado de Parma para su primogéito, y lo cambió tras el Tratado de Viena por la Corona de Nápoles y Sicilia. A los 22 años se casó con una princesa alemana de 14 primaveras llamada María Amalia de Sajonia, nacida en Dresde, hija de Federico Augusto III, duque de Sajonia y de Lituania y luego rey de Polonia, y de la princesa María Josefa de Austria, hija del emperador de Alemania José I. Pese a su juventud, la alta, rubia, robusta y piadosa reina se llevó a las mil maravillas con su marido, que era un buenazo. Ambos compartían una formación religiosa y moral sólida, el aprecio por los placeres familiares y el desdén por el boato, el protocolo y el ringorrango.

Amalia, que se firmaba siempre Amélie y que utilizó el francés para hablar con su marido hasta que aprendió italiano, idioma familiar y de la corte napolitana, era muy fecunda pero pasaron años y niños hasta que le dió un heredero. Primero llegaron cinco niñas, de las que murieron tres. Por fin, llegó un varón, Fellipe, que resultó retrasado mental. Y luego otros dos varones: el futuro Carlos IV y Fernando, luego rey de Nápoles. Cumplidas las previsiones dinásticas, tuvieron más descendencia, hasta 13 hijos. Al desembarcar en España en 1759, tras dejar a Felipe y a Fernando en Nápoles, les acompañaban siete supervivientes: el príncipe Carlos, tres infantes y tres infantas. Con la servidumbre viajaban también un papagayo, dos monos, varios perros, muchas cajas de habanos y, naturalmente, un belén.

Con tantos alumbramientos, María Amalia había perdido la dentadura y la lozanía. Había adquirido a cambio, para calmar sus nervios, el hábito de fumar grandes cigarros habanos, que se hacía enviar desde Madrid. Le gustaban los de sabor más fuerte, de modo que bien puede decirse que María Amalia encontró en la nicotina su droga favorita. Por lo demás, era una excelente ama de casa y tenía adoración por la cerámica. Las residencias que tuvieron estaban maravillosamente arregladas, pero la vida napolitana, amable y sosegada, se fue a pique cuando Fernando VI tuvo la ocurrencia de morirse y los nuevos reyes de España tuvieron que venirse a Madrid.

Tenía por entonces María Amalia un genio más que vivo, que sólo se amansaba en presencia de su marido, el rey. El trato con su suegra la Farnesio resultó un calvario. Las dificultades del idioma, el invierno feroz, los helados aposentos del Palacio del Buen Retiro, el desconocimiento del idioma y la insalubre capital de España, que le pareció horrible, conspiraron para amargarle a la reina su primera Nochebuena española, que resultó la última. Lo único que le encantó de España fue El Escorial, donde mandó que la enterraran. Pero a los madrileños lo que les gustó de María Amalia fue el belén. Mientras la reina iba poniendo las hermosas figuras napolitanas, el rey, preocupado por su salud, le hablaba de edificar una fábrica de porcelana enel Buen Retiro, adecentar y modernizar las calles de Madrid, terminar el Palacio Real y los hardines y hacer otras muchas mejoras que España necesitaba. María Amalia se sorprendió por el éxito de su belén, inmediatamente imitado por las clases altas, copiado por las medias y celebrado por las bajas. En septiembre de 1760, con los pulmones demasiado débiles por el tabaco, murió la eina de tuberculosis. Y dijo Carlos III: "En 22 años de matrimonio, éste es el primer disgusto serio que me da Amalia".

El rey nunca volvió a casarse, pero cumplió todas las promesas que le había hecho a su esposa. Madrid fue otro. Y las navidades españolas, también. Los artesanos levantinos rivalizaron con los italianos en la creación de figuras y años después, en Barcelona, se hicieron moldes de yeso para teatrillos del nacimiento, baratos y populares. En Madrid, hasta los más pobres se acostumbraron a comprar figuras de arcilla cocida en los puestos de la Plaza Mayor. Hoy se venden de plástico en todas partes, pero falta la figura de la reina Amalia fumando un puro y dejando una porcelana en el portal.

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