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VICTOR ALBA: El republicano cabreado

El Mundo, 27 de julio de 1997

Este hombre de la izquierda perdida tiene la extraña habilidad de estar siempre con los perdedores. Es de los pocos que ha intentado explicar el comunismo. Ha escrito más de 100 libros y ha sobrevivido a ello. Sus memorias son la exaltación sentimental de un español con genio.

VICTOR ALBA: El republicano cabreadoA sus más de 80 años tiene razón Víctor Alba en cabrearse. Hace un año publicó sus memorias, que son los 80 años de la historia de España que más fragante y electrizantemente hemos vivido. En ellas cuenta, con una prosa extraordinaria, lo que le ha pasado y lo que nos ha pasado, lo que le ha caído encima y lo que nos puede caer. Nadie ha acusado recibo de esas memorias. Y lo sorprendente es que Víctor Alba encuentra eso normal.

Las memorias de Víctor alba se titulan Memorias de un cabreado pero son la exaltación sentimental de un español con genio. Con mal genio, habría que decir, si el genio tuviera entre nosotros alguna analogía con la bondad. Víctor Alba pertenece a ese pequeño grupo que, desde el POUM, intentó dirigir la izquierda española en un sentido que hoy nos resulta difícil de entender. Ser comunista, cuando lo que más se odia es la URSS, resulta prácticamente imposible. Pero la experiencia del comunismo marca de forma indeleble a todos los que la padecen. También a Víctor Alba. No es fácil saber, todavía hoy, si Víctor Alba es comunista, marxista, socialista, trotskista o un penitente de lo que en estos caminos anduvo. En todo caso, debe quedar constancia que vale la pena tenerle atención.

He aquí un hombre que no ha dirigido un partido -el partido de Maurín- que no manda en un sindicato -la CNT de Barcelona- que tampoco crea un partido propio, y que, sin embargo, permanece cautivo de esas siglas, de esas fidelidades que, en el fondo, él tiene que fundar de nuevo, porque está rodeado de muertos. Es un caso de fidelidad a la mortandad, de homenaje a la desaparición, porque Víctor Alba, en sus obras sobre España, nunca nos habla de mañana, pero se niega a hablarnos de ayer. Se trata de un caso especial de memoria selectiva en el que la selección es lo mejor de la memoria.

He visto a Víctor Alba, con su hija Cristina al lado, y me ha parecido un milagro que le tiempo no respetará. Pocos como él saben de la historia de España. Pocos como él saben de la historia del marxismo con temporáneo. Pocos como él saben de la historia del comunismo español. Sin embargo, Víctor Alba no tiene medios para contar lo que sabe. Y ésa es una de las pequeñas tragedias que, nombres aparte, debemos conllevar.

Sísifo y su tiempo. Memorias de un cabreado (1916-1996)
es el título que la editorial Laertes ha puesto a las memorias de Víctor Alba. Casi nadie ha podido comprar el libro. Los grandes periódicos lo han silenciado. Los críticos de fuste, o no lo han entendido o lo han tirado al fondo de la papelera. Otros que no son críticos pero que pudieran haber servido para propagar el hecho, siquiera el hecho noticioso, no han dicho ni pío. Víctor Alba es un maldito. Quiero decir que pesa sobre él una de las grandes maldiciones que pueden caer sobre un intelectual español: conocer la izquierda y condenarla. Víctor, convertido en Sísifo por artes literarias y por capricho individual, ha hecho de su vida una epopeya y de su epopeya una novela que no se puede leer. Es el destino de los anticomunistas brillantes. Este hombre fue uno de los integrantes del POUM. Como tal, fue perseguido por el estalinismo y se jugó la vida sin quererlo en los paredones de la Guerra Civil. Pero después de la guerra, durante muchos años, escribió y escribió, libros y libros, sin que nadie los tomara mucho en serio. Tras salir de España, vivió en México y en Estados unidos, pero siguió escribiendo de cosas inconvenientes. Tanto ha escrito que en esas Memorias inencontrables hay 123 títulos que marcan su paso por las letras. Muy pocos han sobrevivido a 100 libros. Muy pocos los han escrito de verdad. Víctor Alba ha hecho una cosa y la otra. Y, cuando lo ves aturdido, un tanto despistado de lo que pasa alrededor, te sorprende tanto su inocencia como su afán. Cumplidos los 80 años, no se sabe qué es más importante, si escribir 100 libros o seguir escribiendo. Víctor Alba, en la duda, prefiere incordiar. Sería demasiado sencillo reducir la vida de Víctor Alba a esos 100 libros apenas conocidos. Pero sería, en mi opinión, mucho más rastrero, limitar su noticia a una serie de anécdotas baratas. Su vida de adolescente en Barcelona, su juventud de miliciano en la Guerra Civil, su cárcel, sus preguntas, su liberación, su escapada, son pasajes comunes a cientos de miles de españoles en esos tremendos años 30. Pero, por encima de sus vicisitudes consuetudinarias, Víctor Alba es de los pocos que ha intentado entender y explicar el gran fenómeno totalitario de nuestro tiempo: el comunismo. O lo que en términos académicos suele llamarse estalinismo por no molestar.

Cuando empezó a escribir, uno de los libros que publicó quien dejó de publicar tan poco fue las Fábulas Inoportunas. Y es casi un símbolo de lo que la impresionante trayectoria intelectual de Víctor Alba ha sido desde hace muchos años: inoportunidad. Nunca ha sido oportuno este hombre para las modas intelectuales: en los 30 era fascista para los comunistas y comunista para los fascistas. En los años 40 era soviético para los occidentales y agente de la CIA para los amigos de la URSS. Tiene la extraña cualidad Víctor Alba de haber estado siempre entre los perdedores. Y así, no es de extrañar que su obra ande perdida, inencontrable, fruto del azar.

Del marxismo español, del americanismo más o menos izquierdista, del catalanismo de verdad y de otras muchas cosas sin tiempo ni lugar preciso, ha escrito Víctor Alba sin demasiada fortuna. Ahora vive en Sitges, con su hija, y sigue escribiendo incansablemente. Ha visto caer el Muro pero lamenta que la gente siga sin entender el comunismo. Es un catalán de pura cepa, pero lamenta las dificultades para entenderse con Madrid en cuestiones que no sean de procedimiento. Es un muchacho de Barcelona que ha atravesado la gran aventura totalitaria del siglo XX. Pero que la ha contado y no lo han creído. O no lo han creído del todo. Sólo lo imprescindible.

Sin embargo, Víctor Alba es uno de los nuestros. De los más nuestros. Porque tanto en lo que excede como en lo que falta, en lo que sobra como en lo que no llega, testimonia, da fe de una voluntad verdadera que siempre nos falta. Este hombre de una izquierda perdida es uno de los pocos testigos que, a izquierda y derecha, nos quedarán del siglo XX. Sus 80 años, sus más de 100 libros, no son nada al lado del símbolo que lo debería preceder- quiso ser nada por despreciar serlo todo. Quiso ser alguien a cambio de no ser multitud. Creo que he dicho que vive en Sitges y que sus libros andan perdidos por ahí para el que los sepa buscar. Leerá y aprenderá. Víctor alba seguirá vagando al lado de la playa con los dos sentidos que, según él, conserva de los cinco: oído y tacto. En mi opinión siempre ha tenido más sentido, aunque siempre se le haya atravesado el plural.

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