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Del momento político. La libertad ante todo

Eloy Bullón - La Epoca y El Adelanto, 5 de mayo de 1931

Eloy BullónMi ilustre amigo el doctor Marañón, que con tanta exquisitez y con tan alto civismo sabe juntar la acción política a la propaganda científica, escribió hace tiempo, con gran acierto, que decir República, solamente República, era o decir nada o casi nada. No recuerdo exactamente la frase; pero ésta era la idea.

Y, en efecto, La República por sí sola no es más que una forma de Gobierno, una forma que hay que llenar luego con una realidad. Lo que sea esta realidad será la República.

Y he aquí por qué ahora, con la implantación de la República, no se ha pasado todavía del comienzo del principio.

¿Qué vendrá detrás? ¿Cómo se llenará esa forma vacía? Este es el problema. Y de esto depende todo el porvenir.

En la Rusia soviética hay República, pero ninguna persona amante del progreso puede ser partidaria de aquella República. En Portugal hay República, pero ¿qué hombre amante de la libertad simpatizará con la fase actual de la República portuguesa?

Es gran error el de aquellas personas que al juzgar a los antiguos monárquicos piensan que para nosotros lo era todo, o siquiera lo principal, la institución monárquica.

Muchos, al menos, no hemos aceptado la Monarquía, sino acompañada de las condiciones esenciales de constitucional y parlamentaria. Y cuando la Monarquía prescindió de estas cualidades esenciales para entrar en la fase dictatorial, nos alejamos de ella con desilusión y con pena.

Más de una vez hemos dicho algunos monárquicos constitucionales que entre la Monarquía absoluta y la República democrática, caeríamos siempre del lado de ésta.

Por eso ahora no nos asusta el advenimiento de la República.

Lo que importa es impedir que dentro de ésta se ejerza una dictadura, blanca, roja o amarilla, por ninguna minoría audaz. Frente a ese riesgo hay que estar en guardia y combatir sin tregua.

Y de aquí deduzco la conclusión de que cuantos pongan el Derecho y la Libertad por encima de todo, deben actuar ahora más que nunca para que prevalezcan esos dos grandes principios, que son en definitiva una misma cosa, a saber: respeto a las altas prerrogativas inalienables, que Dios ha concedido a la persona humana.

No soy de los que han escrito nunca la evidente exageración de que la Monarquía era consustancial con España. No, España es tan grande y tan robusta que no puede estar vinculada solamente a una determinada forma de Gobierno. Ni ninguna forma de Gobierno es tan perfecta por sí sola que haya que aceptarla como insustituible en todo tiempo y lugar.

Bien que mientras hubo en España Monarquía trabajásemos para que ésta fuera progresiva y respetuosa de todos los derechos. Lo fué algún tiempo, y España progresó. Dejó de serlo en el infausto 13 de septiembre de 1923, y desde entonces han llovido sobre España grandes calamidades.

Ahora, caída la Monarquía víctima de errores propios y ajenos, lo prudente es trabajar por que la República española sea un régimen de verdadero progreso y libertad.

Y conste que ésta es lo que más peligra en un régimen republicano. Porque cuando existe una Monarquía fuerte y arraigada como la de Inglaterra, se explica que ésta, teniendo conciencia de su propia fuerza, no ponga obstáculo a las libertades políticas, incluso a aquéllas que sirvan para combatirla.

Pero de una República recién nacida y en la que no hay ningún poder inmutable, ¿no es de temer que se sienta inclinada a la prohibición de todo lo que tema o le desagrade?

Ya se está viendo que la naciente República propende a ratos a ser una Dictadura.

Y si esas tendencias se acentuasen habría que gritar: «¡Liberales, a defenderse!» Porque lo peor que podría ocurrir es que al hacer el balance de un bienio de República nos encontrásemos con un bienio de tiranía.

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