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ANDRES NIN: El crimen que remató la República

El Mundo, 15 de mayo de 1997

De orígenes anarquistas, fue funcionario sindical en la URSS al término de la revolución. Llegado Stalin al poder, tuvo que abandonar Moscú para salvar la vida. De regreso a España, fundó partidos trotskistas. Su asesinato en 1937 ejemplifica la profunda brecha que se abrió en la izquierda.

Cuando los agentes secretos soviéticos, dirigidos por Orlov, y sus sicarios españoles, entre los que destacaba el coronel Ortega, secuestraron, torturaron y asesinaron a Andrés o Andreu Nin López, en junio de 1937, algo en la II República se rompió para siempre.

No se explica el final de la guerra sin la fosa que se abre, con el cuerpo de Nin dentro, entre los que estaban dispuestos a todo al servicio de Stalin y los que, desde entonces, miraron a Moscú como un peligro más que como un aliado.

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JUAN NEGRIN: El gran estafador

El Mundo, 1 de junio de 1997

Acordó con los soviéticos la entrega del oro del Banco de España. Desde 1937 estaba, secretamente, intentando pactar con Franco. De costumbres pantagruélicas, cenaba hasta tres veces. Belloch entregó 200 millones a su familia en concepto de indemnización.

Lo que Negrín ha conseguido en la historia moderna de España no lo ha conseguido nadie. Robó al Estado, robó al pueblo, mató al Estado, mató al pueblo que servía a ese Estado, traicionó a sus compañeros de partido, Prieto y Largo Caballero, traicionó a su propia propaganda, pregonando la guerra final contra el fascismo mientras trataba de entenderse con él, según las órdenes de Stalin, que no era lo que se dice un demócrata. Llegó al poder engañando a los suyos. Pactó con los soviéticos la entrega del oro del Banco de España, entonces la tercera reserva del mundo. Se llevó todo lo que los revolucionarios robaron de las cajas de seguridad de todos los bancos y cajas de ahorro.

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FERNANDO VII: Tigrekán I

El Mundo, 25 de mayo de 1997

Junto a su lamentable padre y el pendón de su mamá, vendió el país en Bayona. Mató, desterró o enterró a los padres de «La Pepa». Su existencia es el mejor alegato a favor de la guillotina. Que nadie caiga en el error de arrodillarse ante otro ídolo de esta catadura.

Es Fernando VII, mal que nos pese, uno de los nuestros. Como Franco. Como Negrín. Su historia ha pesado tanto en la nuestra que no podemos negarla. Lo que sí podemos es contarla y alentar a nuestra prole para que no caiga en el error de arrodillarse ante otro ídolo de esta catadura. Tarea imposible. Caerá, con toda probabilidad, porque es propio del humano, y sin duda del humano español, meter la pata. Pero al menos que no se diga que no advertimos del peligro a los incautos.

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JOVELLANOS: El español por excelencia

El Mundo, 18 de agosto de 1997

Es el primer liberal moderno de nuestra historia. Su informe sobre la Ley Agraria se convierte en bandera de los reformistas. Su meta: que la ley sirva para proteger al individuo de la arbitrariedad. Mientras exista el recuerdo de la libertad, sobrevivirá a los ladrones de tumbas.

El mejor retrato que se ha hecho o que se ha querido hacer de un español es el de Jovellanos por Goya. No sólo aparece ahí la nación en estado de melancolía, como incapaz de defenderse de sí misma, sino que nos mira el que más noblemente luchó por ella, vencido como Don Quijote, en la gloria luminosa de una derrota cantada. Ese cuadro tuvo que pintarlo Goya como decían que el Giotto pintaba el cielo: de rodillas.

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